La cocina persa nace en un territorio que durante siglos fue punto de encuentro entre Oriente y Occidente. Persia ocupaba un lugar clave en la Ruta de la Seda, y esa posición privilegiada dio lugar a una gastronomía abierta, construida a partir del intercambio de ingredientes, técnicas y aromas de muchas culturas. El resultado es una cocina profundamente equilibrada, donde nada sobresale en exceso y todo tiene sentido.
Las especias están presentes, pero se utilizan con medida: azafrán, comino o cúrcuma aportan profundidad sin imponerse. A estos aromas se suman hierbas que refrescan y equilibran los platos. Ingredientes como la granada, las bayas ácidas y los frutos secos son esenciales en esta cocina, aportando contraste, textura y un delicado juego entre lo dulce y lo ácido. El yogur aparece como elemento de equilibrio, aportando cremosidad y ligereza, mientras que el agua de rosas introduce un perfume sutil que distingue a esta gastronomía de cualquier otra.
En ZAFARAN, esta tradición se presenta desde el respeto al producto y al tiempo, con platos pensados para disfrutarse con tranquilidad. Una cocina aún poco conocida, pero profundamente ligada a la tierra, a la historia y al placer de comer bien.